Pero lo encontré.
Se detuvo frente a una casa.
No era un trabajo.
No era una oficina.
Era una casa… en una zona donde nunca habíamos ido.
Apagó el carro… bajó… y tocó la puerta.
Y cuando se abrió…
Sentí que el mundo se me vino abajo.
Porque quien abrió la puerta… no era una desconocida.
Era alguien que yo conocía muy bien.
Alguien que había estado en mi casa.
Alguien que se sentaba en mi mesa.
Mi amiga.
Sí… mi propia amiga.
Ella lo abrazó como si fuera suyo.
Y él… ni siquiera dudó en besarla.