​El error que casi todos cometemos en la ducha y que está arruinando nuestra piel (no es el agua caliente)

​Nos encanta ver mucha espuma, pero los químicos que la producen (como los sulfatos) eliminan los aceites naturales que protegen tu piel.

​El daño: Sin esos aceites, tu piel se vuelve una “puerta abierta” para alérgenos y sequedad extrema.

​La solución: Opta por geles de ducha “syndet” (sin jabón) o con pH neutro. Menos espuma suele significar más salud para tu dermis.

​3. Secarse con demasiada energía

​Al salir de la ducha, solemos frotar la toalla con fuerza para secarnos rápido.

​El daño: Este roce mecánico daña la barrera cutánea.

​La solución: Seca tu piel a “toquecitos” suaves. Deja que quede un poco de humedad en el cuerpo antes de aplicar tu crema hidratante; esto ayudará a sellar el agua en tus poros.

​El “Tip de Oro” para una piel de seda

​Si quieres una piel radiante, aplica tu crema o aceite corporal antes de que pasen 3 minutos después de salir de la ducha. Es la “ventana mágica” donde la absorción es máxima.

​Conclusión

 

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